ida y vuelta

Burdeos me ha encantado. No saqué mucho la cámara, mi dedo índice ya tenía suficiente con señalar cosas, sin parar… El mercado del domingo es para volverse loca.

Los edificios también son preciosos, bajicos, de piedra (sin demasiada neura por tener las fachadas limpias, impolutas y rehabilitadas), mucha ventana, techos altos…
Y algún que otro moderno.


El amor por lo viejuno-antiguedades-segundamano es más que evidente, quién tuviera tanto tesoro a la vuelta de la esquina.

Ha sido un viaje fugaz, estoy deseando volver.
En esta ocasión he tenido una mentora de lujo, Yolanda, la restauradora de la calle Curia, ahí es nada…


Entre la una y la otra nos hemos traído unos buenos pedacicos de Burdeos a Pamplona. He aquí mi botín esperando a entrar en el taller:

Je suis totalmente enamorada de mi cerdito hucha… Y Yolanda del suyo ;)

Merci Madame!

3 comments

  1. Yo siempre he estado de paso…en semana santa, con la ciudad muerta…como sin vida…así que mi sensación sobre la ciudad es contradictoria…
    J´adore el cercito volador!

  2. Mmmm, se ponen los dientes muy largos viendo esas imágenes y leyendo tu relato del viaje,
    No conozco Burdeos, pero la añado a mi lista de sitios pendientes de visitar.
    Muxu

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